lunes, 5 de diciembre de 2016

Carta de nuestro Consiliario



REAL HERMANDAD Y COFRADÍA
 DE NTRA. SRA. DE LA ESPERANZA
      Y SAN JUAN APÓSTOL




Queridos Cofrades, y miembros de esta Real Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Apóstol.

Como Consiliario de esta Cofradía, me dirijo a vosotros en un mes muy especial.

En este mes de diciembre estamos inmersos en el Adviento. Pero es que, además, el día 18 de este mes celebramos a nuestra Madre, la Virgen de la Esperanza.

Muchas veces, hablamos del Adviento como el tiempo que nos prepara para la Navidad, el tiempo en el que vamos preparando el nacimiento del Señor. De hecho, una de las frases que más se repite en estas semanas es: “¡Ven, Señor, Jesús!”.

Permitidme que haga una matización a estas afirmaciones. Creo que estamos “un poco” equivocados.

Dedicamos cuatro semanas (este año completas al caer Navidad en domingo) a prepararnos porque el Señor “va a venir”.

Creo, sinceramente, que estamos equivocados.

Pienso que lo más importante en el Adviento no es prepararnos porque el Señor “va a venir”, sino hacernos conscientes de que el Señor “ya está entre nosotros”. El Señor se hizo presente ya entre nosotros y está entre nosotros. Nuestro gran problema es que muchas veces no somos conscientes de esto. Vivimos como si el Señor no estuviera ya entre nosotros.

Yo os propongo, y me propongo a mí mismo, que hagamos el gran esfuerzo en este Adviento de ser conscientes de la presencia de Cristo en medio de nosotros. Él quiere formar parte de nuestra vida. Tan solo hace falta que le dejemos entrar en nuestro corazón. Esa es la auténtica Navidad.

En el Adviento hablamos mucho de “preparar el camino al Señor”… Dedicamos mucho tiempo a hablar de cómo tenemos que comportarnos y qué tenemos que hacer. Es decir, caemos, frecuentemente, en lo que el Papa Francisco llama “habríaqueismo”. Es decir, nos pasamos la vida diciendo: “habría que” hacer…, “habría que” ir…, “habría que” pensar…, “habría que”…

Os propongo que hagamos de este Adviento, no el Adviento de los buenos propósitos, no el Adviento de las palabras, no el Adviento de las teorías, sino el Adviento de los hechos, el Adviento de las obras concretas que cada día podamos realizar a favor de los demás. Porque eso es realmente preparar la Navidad: acercarnos al otro, sentirnos hermanos del otro, servir y ayudar al otro, perdonar al otro, amar al otro…

Ya es hora de dejar atrás las teorías y pasar de verdad a las obras.

Tú y yo, tenemos la posibilidad de acercarnos al otro.

Te propongo que en estos días pienses en una persona (o más, cada uno sabrá) de la que te has alejado. Piensa en alguien al que hace tiempo que no hablas. Piensa en esa persona al llevas tiempo sin saludar, sin sonreír, sin hablar… ¿Te imaginas lo distinta que sería esta Navidad si dieras el paso de acercarte a ella? ¿Te das cuenta lo que cambiaría este tiempo si fueras capaz de dejar atrás esas cosas que te alejaron de esa persona?

Cristo quiere nacer en tu corazón. El problema es que no puede hacerlo si tú no echas fuera de ese corazón las amarguras, los rencores, las enemistades, los enfados, las rencillas,…

Para eso te va a ayudar siempre nuestra Santa Madre de la Esperanza.

El día 18 de este mes es su fiesta. No podemos olvidar que el Adviento es siempre tiempo de Esperanza. ¿Qué sería de este tiempo sin la Esperanza? ¿Qué sería de nuestra vida sin la Esperanza?

Yo os invito a que en este mes, de forma más intensa oremos a nuestra Madre de la Esperanza. Poned en sus manos vuestros agobios, vuestras tristezas, vuestras penas. Habladle a ella de las personas que conocéis y que necesitan de su ayuda y de la nuestra. Orad por todos los que os rodean. Dadle gracias porque pertenecéis a su Cofradía. Agradecedle tantas cosas que el Señor, muchas veces a través de ella, os ha concedido. Sentíos, de verdad, hijos de Santa María de la Esperanza.

Y permitidme que desde aquí os anime a participar en el triduo a nuestra Madre. El 16, 17 y 18 de diciembre participad en la Eucaristía en la parroquia de San Francisco a las 7,30 de la tarde. Ella, nuestra Madre, os estará esperando para recibir vuestras súplicas y oraciones. No os conforméis con acompañarla en Semana Santa cuando está solemne y majestuosa en su paso. Acompañadla en el silencio de estas eucaristías, en la compañía de los demás devotos y fieles.

¡Qué mejor preparación para las fiestas de la Natividad del Señor, que unirnos a su Madre, nuestra Madre, para esperar juntos tan gran acontecimiento!

Os deseo lo mejor para estos días y para el futuro.
Que el Señor, a través de nuestra Madre de la Esperanza, os conceda su bendición y su gracia.

Feliz Navidad.


                                                             Guriezo a 1 de diciembre de 2016

 
                                                      Pedro Miguel Sisniega Pérez
                                                                        Consiliario

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