REAL HERMANDAD Y COFRADÍA
DE NTRA. SRA. DE LA ESPERANZA
Y SAN JUAN APÓSTOL
Queridos Cofrades, y miembros de esta Real
Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Apóstol.
Como Consiliario de esta Cofradía, me dirijo a
vosotros en un mes muy especial.
En este mes de diciembre estamos inmersos en el
Adviento. Pero es que, además, el día 18 de este mes celebramos a nuestra
Madre, la Virgen de la Esperanza.
Muchas veces, hablamos del Adviento como el tiempo
que nos prepara para la Navidad, el tiempo en el que vamos preparando el
nacimiento del Señor. De hecho, una de las frases que más se repite en estas
semanas es: “¡Ven, Señor, Jesús!”.
Permitidme que haga una matización a estas
afirmaciones. Creo que estamos “un poco” equivocados.
Dedicamos cuatro semanas (este año completas al
caer Navidad en domingo) a prepararnos porque el Señor “va a venir”.
Creo, sinceramente, que estamos equivocados.
Pienso que lo más importante en el Adviento no es
prepararnos porque el Señor “va a venir”, sino hacernos conscientes de que el
Señor “ya está entre nosotros”. El Señor se hizo presente ya entre nosotros y
está entre nosotros. Nuestro gran problema es que muchas veces no somos
conscientes de esto. Vivimos como si el Señor no estuviera ya entre nosotros.
Yo os propongo, y me propongo a mí mismo, que
hagamos el gran esfuerzo en este Adviento de ser conscientes de la presencia de
Cristo en medio de nosotros. Él quiere formar parte de nuestra vida. Tan solo
hace falta que le dejemos entrar en nuestro corazón. Esa es la auténtica
Navidad.
En el Adviento hablamos mucho de “preparar el
camino al Señor”… Dedicamos mucho tiempo a hablar de cómo tenemos que
comportarnos y qué tenemos que hacer. Es decir, caemos, frecuentemente, en lo
que el Papa Francisco llama “habríaqueismo”. Es decir, nos pasamos la vida
diciendo: “habría que” hacer…, “habría que” ir…, “habría que” pensar…, “habría
que”…
Os propongo que hagamos de este Adviento, no el
Adviento de los buenos propósitos, no el Adviento de las palabras, no el Adviento
de las teorías, sino el Adviento de los hechos, el Adviento de las obras
concretas que cada día podamos realizar a favor de los demás. Porque eso es
realmente preparar la Navidad: acercarnos al otro, sentirnos hermanos del otro,
servir y ayudar al otro, perdonar al otro, amar al otro…
Ya es hora de dejar atrás las teorías y pasar de
verdad a las obras.
Tú y yo, tenemos la posibilidad de acercarnos al
otro.
Te propongo que en estos días pienses en una
persona (o más, cada uno sabrá) de la que te has alejado. Piensa en alguien al
que hace tiempo que no hablas. Piensa en esa persona al llevas tiempo sin
saludar, sin sonreír, sin hablar… ¿Te imaginas lo distinta que sería esta
Navidad si dieras el paso de acercarte a ella? ¿Te das cuenta lo que cambiaría
este tiempo si fueras capaz de dejar atrás esas cosas que te alejaron de esa
persona?
Cristo quiere nacer en tu corazón. El problema es
que no puede hacerlo si tú no echas fuera de ese corazón las amarguras, los
rencores, las enemistades, los enfados, las rencillas,…
Para eso te va a ayudar siempre nuestra Santa
Madre de la Esperanza.
El día 18 de este mes es su fiesta. No podemos
olvidar que el Adviento es siempre tiempo de Esperanza. ¿Qué sería de este
tiempo sin la Esperanza? ¿Qué sería de nuestra vida sin la Esperanza?
Yo os invito a que en este mes, de forma más
intensa oremos a nuestra Madre de la Esperanza. Poned en sus manos vuestros
agobios, vuestras tristezas, vuestras penas. Habladle a ella de las personas
que conocéis y que necesitan de su ayuda y de la nuestra. Orad por todos los
que os rodean. Dadle gracias porque pertenecéis a su Cofradía. Agradecedle
tantas cosas que el Señor, muchas veces a través de ella, os ha concedido.
Sentíos, de verdad, hijos de Santa María de la Esperanza.
Y permitidme que desde aquí os anime a participar
en el triduo a nuestra Madre. El 16, 17 y 18 de diciembre participad en la
Eucaristía en la parroquia de San Francisco a las 7,30 de la tarde. Ella,
nuestra Madre, os estará esperando para recibir vuestras súplicas y oraciones.
No os conforméis con acompañarla en Semana Santa cuando está solemne y
majestuosa en su paso. Acompañadla en el silencio de estas eucaristías, en la
compañía de los demás devotos y fieles.
¡Qué mejor preparación para las fiestas de la
Natividad del Señor, que unirnos a su Madre, nuestra Madre, para esperar juntos
tan gran acontecimiento!
Os deseo lo mejor para estos días y para el
futuro.
Que el Señor, a través de nuestra Madre de la
Esperanza, os conceda su bendición y su gracia.
Feliz Navidad.
Guriezo
a 1 de diciembre de 2016
Pedro Miguel Sisniega Pérez
Consiliario


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