domingo, 20 de abril de 2014

Carta enviada por su bisnieto a la cofrade de honor de nuestra Cofradía: Josefina González Guarino

Hola Abuelita, cuanto tiempo...¿Qué tal por allá arriba? Supongo que bien, aquí abajo la verdad que estamos todos muy bien, con nuestros mas y nuestros menos, pero ya sabes como son estas cosas... Yo la verdad que bastante bien, no puedo quejarme. Ahora estoy estudiando Terapia Ocupacional. Seguramente te sorprenda, creo que la última vez que me preguntaste que qué quería estudiar te dije que me llamaba ser profesor, de esto hace ya unos años. Es algo precioso la verdad, lo conocí de casualidad y creo que por fin he encontrado lo que quiero ser en la vida… Hoy ha sido un día un poco duro, como los dos últimos domingos de Resurrección. Este año la verdad que hemos tenido suerte, ha hecho muy buen tiempo, y, una vez más, mi hermano y yo les llevamos a nuestra querida Virgen de la Esperanza a los enfermos el lunes. Llámame loco, pero no sé por qué, pero cuando estoy ahí delante, en la guía, siento como si nos acompañaras al lado… El año pasado no pudimos salir, ya sabes que el lunes santo tiene por costumbre no hacer muy bueno. El resto de la semana también ha ido muy bien, el martes fui representando a nuestra cofradía, y el jueves anduve cargando con el estandarte. El viernes volví a sentir esa sensación de que no íbamos solos, mezclado con pequeños enfados por los problemas con la iluminación, las velas y la velocidad del paso. ¿Sabes Abuelita? Este año por fin pude ser nombrado cofrade, ya sabes que llevo saliendo desde muy pequeñito, pero dado que fue el verano pasado cuando cumplí la mayoría de edad, ha sido este sábado. Me sentí emocionado, es un sentimiento que mucha gente no entiende, pero sé que tu comprendes como yo su significado. Tuvimos algún problema con la dirección y no pudimos sacar a los dos pasos, pero otra vez acompañamos a nuestra Virgen de la Esperanza en su soledad del sábado. ¿Te acuerdas del año pasado? El sábado fue el único día que pudimos sacarla por el tiempo, recuerdo que mi hermano y yo habíamos preparado unos lacitos negros para llevarlos en el fajín. Recuerdo cuando dimos el primer empujón al paso, cuando lo bajamos por la calle Cervantes, cuando, en el silencio de las 7 de la mañana, caían por mis mejillas lágrimas silenciosas, recordándote. Hoy ha sido un día duro, como lo ha sido esos dos últimos años el domingo de Resurrección. Siempre, al desmontar los pasos, te llevábamos las flores de la Virgen, y tú nos recibías en casa con una sonrisa y todos los años nos decías lo mismo. Nos decías que estábamos hechos unos hombretones, que seguramente no volveríamos vernos, que iba a ser la última vez, y que fuéramos felices. Llevabas muchos años diciendo lo mismo, quien iba a imaginar hace dos años que esa vez llevabas algo de razón. Este año, igual que el año pasado, te las hemos vuelto a llevar. El camino cambia un poco, ahora necesitamos ir en coche. Te echo de menos, me acuerdo bastante de ti, sobretodo cuando voy a Santander, y sobretodo en Semana Santa… Bueno Abuelita, me tengo que ir, ha sido una semana muy intensa, y la verdad que necesitaría dormir. Además mañana tendré que estudiar, muchas ganas no tengo, pero hay que hacerlo, esta semana con todas las cosas en las que hemos estado metidos no he tenido tiempo a hacer mucho… Te mando un beso muy fuerte, y te dejo aquí una foto que nos han hecho el viernes, salimos tapados, pero somos nosotros. Quizás es que necesitaba desahogar, pero hacía tiempo que quería hablar contigo, como tristemente es muy difícil, he decidido escribirte esta carta. Un besazo, y descansa, que lo tienes merecido.


Pablo González Fuentes


Foto: Hola Abuelita, cuanto tiempo… ¿Qué tal por allá arriba? Supongo que bien, aquí abajo la verdad que estamos todos bien, con nuestros mas y nuestros menos, pero ya sabes como son estas cosas… Yo la verdad que bastante bien, no puedo quejarme. Ahora estoy estudiando Terapia Ocupacional. Seguramente te sorprenda, creo que la última vez que me preguntaste que qué quería estudiar te dije que me llamaba ser profesor, de esto hace ya unos años. Es algo precioso la verdad, lo conocí de casualidad y creo que por fin he encontrado lo que quiero ser en la vida… Hoy ha sido un día un poco duro, como los dos últimos domingos de Resurrección. Este año la verdad que hemos tenido suerte, ha hecho muy buen tiempo, y, una vez más, mi hermano y yo les llevamos a nuestra querida Virgen de la Esperanza a los enfermos el lunes. Llámame loco, pero no sé por qué, pero cuando estoy ahí delante, en la guía, siento como si nos acompañaras al lado… El año pasado no pudimos salir, ya sabes que el lunes santo tiene por costumbre no hacer muy bueno. El resto de la semana también ha ido muy bien, el martes fui representando a nuestra cofradía, y el jueves anduve cargando con el estandarte. El viernes volví a sentir esa sensación de que no íbamos solos, mezclado con pequeños enfados por los problemas con la iluminación, las velas y la velocidad del paso. ¿Sabes Abuelita? Este año por fin pude ser nombrado cofrade, ya sabes que llevo saliendo desde muy pequeñito, pero dado que fue el verano pasado cuando cumplí la mayoría de edad, ha sido este sábado. Me sentí emocionado, es un sentimiento que mucha gente no entiende, pero sé que tu comprendes como yo su significado. Tuvimos algún problema con la dirección y no pudimos sacar a los dos pasos, pero otra vez acompañamos a nuestra Virgen de la Esperanza en su soledad del sábado. ¿Te acuerdas del año pasado? El sábado fue el único día que pudimos sacarla por el tiempo, recuerdo que mi hermano y yo habíamos preparado unos lacitos negros para llevarlos en el fajín. Recuerdo cuando dimos el primer empujón al paso, cuando lo bajamos por la calle Cervantes, cuando, en el silencio de las 7 de la mañana, caían por mis mejillas lágrimas silenciosas, recordándote. Hoy ha sido un día duro, como lo ha sido esos dos últimos años el domingo de Resurrección. Siempre, al desmontar los pasos, te llevábamos las flores de la Virgen, y tú nos recibías en casa con una sonrisa y todos los años nos decías lo mismo. Nos decías que estábamos hechos unos hombretones, que seguramente no volveríamos vernos, que iba a ser la última vez, y que fuéramos felices. Llevabas muchos años diciendo lo mismo, quien iba a imaginar hace dos años que esa vez llevabas algo de razón. Este año, igual que el año pasado, te las hemos vuelto a llevar. El camino cambia un poco, ahora necesitamos ir en coche. Te echo de menos, me acuerdo bastante de ti, sobretodo cuando voy a Santander, y sobretodo en Semana Santa… Bueno Abuelita, me tengo que ir, ha sido una semana muy intensa, y la verdad que necesitaría dormir. Además mañana tendré que estudiar, muchas ganas no tengo, pero hay que hacerlo, esta semana con todas las cosas en las que hemos estado metidos no he tenido tiempo a hacer mucho… Te mando un beso muy fuerte, y te dejo aquí una foto que nos han hecho el viernes, salimos tapados, pero somos nosotros. Quizás es que necesitaba desahogar, pero hacía tiempo que quería hablar contigo, como tristemente es muy difícil, he decidido escribirte esta carta. Un besazo, y descansa, que lo tienes merecido.

Pablo

1 comentario: