Hola Abuelita, cuanto tiempo...¿Qué tal por allá arriba? Supongo que bien, aquí abajo la verdad que estamos todos muy bien, con nuestros mas y nuestros menos, pero ya sabes como son estas cosas... Yo la verdad que bastante bien, no puedo quejarme. Ahora estoy estudiando
Terapia Ocupacional. Seguramente te sorprenda, creo que la última vez que me
preguntaste que qué quería estudiar te dije que me llamaba ser profesor, de
esto hace ya unos años. Es algo precioso la verdad, lo conocí de casualidad y creo
que por fin he encontrado lo que quiero ser en la vida… Hoy ha sido un día un
poco duro, como los dos últimos domingos de Resurrección. Este año la verdad
que hemos tenido suerte, ha hecho muy buen tiempo, y, una vez más, mi hermano y
yo les llevamos a nuestra querida Virgen de la Esperanza a los enfermos el
lunes. Llámame loco, pero no sé por qué, pero cuando estoy ahí delante, en la
guía, siento como si nos acompañaras al lado… El año pasado no pudimos salir,
ya sabes que el lunes santo tiene por costumbre no hacer muy bueno. El resto de
la semana también ha ido muy bien, el martes fui representando a nuestra
cofradía, y el jueves anduve cargando con el estandarte. El viernes volví a
sentir esa sensación de que no íbamos solos, mezclado con pequeños enfados por
los problemas con la iluminación, las velas y la velocidad del paso. ¿Sabes
Abuelita? Este año por fin pude ser nombrado cofrade, ya sabes que llevo
saliendo desde muy pequeñito, pero dado que fue el verano pasado cuando cumplí
la mayoría de edad, ha sido este sábado. Me sentí emocionado, es un sentimiento
que mucha gente no entiende, pero sé que tu comprendes como yo su significado.
Tuvimos algún problema con la dirección y no pudimos sacar a los dos pasos,
pero otra vez acompañamos a nuestra Virgen de la Esperanza en su soledad del
sábado. ¿Te acuerdas del año pasado? El sábado fue el único día que pudimos
sacarla por el tiempo, recuerdo que mi hermano y yo habíamos preparado unos
lacitos negros para llevarlos en el fajín. Recuerdo cuando dimos el primer
empujón al paso, cuando lo bajamos por la calle Cervantes, cuando, en el
silencio de las 7 de la mañana, caían por mis mejillas lágrimas silenciosas,
recordándote. Hoy ha sido un día duro, como lo ha sido esos dos últimos años el
domingo de Resurrección. Siempre, al desmontar los pasos, te llevábamos las
flores de la Virgen, y tú nos recibías en casa con una sonrisa y todos los años
nos decías lo mismo. Nos decías que estábamos hechos unos hombretones, que
seguramente no volveríamos vernos, que iba a ser la última vez, y que fuéramos
felices. Llevabas muchos años diciendo lo mismo, quien iba a imaginar hace dos
años que esa vez llevabas algo de razón. Este año, igual que el año pasado, te
las hemos vuelto a llevar. El camino cambia un poco, ahora necesitamos ir en
coche. Te echo de menos, me acuerdo bastante de ti, sobretodo cuando voy a
Santander, y sobretodo en Semana Santa… Bueno Abuelita, me tengo que ir, ha
sido una semana muy intensa, y la verdad que necesitaría dormir. Además mañana
tendré que estudiar, muchas ganas no tengo, pero hay que hacerlo, esta semana
con todas las cosas en las que hemos estado metidos no he tenido tiempo a hacer
mucho… Te mando un beso muy fuerte, y te dejo aquí una foto que nos han hecho
el viernes, salimos tapados, pero somos nosotros. Quizás es que necesitaba
desahogar, pero hacía tiempo que quería hablar contigo, como tristemente es muy
difícil, he decidido escribirte esta carta. Un besazo, y descansa, que lo
tienes merecido.
Pablo González Fuentes

Realmente una carta preciosa y bien expresada.
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